Alguna vez en la escuela o en la Universidad te han enseñado cómo amarte, valorarte y aceptarte a ti mismo? Sé bien que la respuesta es un no rotundo. A lo mucho, en algún colegio religioso te han enseñado la importancia de tratar bien al otro, de hacer bien por el otro y de servir a los otros. Sin embargo, esto siempre está ligado al concepto de culpa y sacrificio que en nada ayudan a tu salud emocional. Por lo tanto, nadie puede dar lo que no tiene para sí mismo y es muy importante que desde hoy aprendas esta premisa.
Por eso, el valor de una persona no puede venir de la opinión de otros. ¿Cuántas veces tus amigas, al finalizar una relación con alguna pareja, te han expresado la típica frase “él no te valoró, ya vendrá otro que sí lo haga”? Y lo más probable es que escuches esto muchas veces más en tu vida porque, si sigues a la espera de que alguien externo te diga cuál es tu valor, jamás encontrarás quien lo pueda ver.
Dicho de otro modo:
- Tu valor no lo dan tus padres, ni tus amigos, ni tu pareja, ni el profesor, ni tu calificación, ni tus posesiones, ni el jefe, ni tus hijos.
- Tu valor lo mides siempre que tengas la capacidad de tomar las riendas de tus decisiones, asumir las consecuencias de tus actos, escoger ese trabajo o labor que va de acuerdo a tus talentos reales y capacidades.
- Tu valor lo exhibes cuando eres capaz de formar tu propio criterio e idea de las cosas. Por ejemplo, cuando eliges estudiar lo que te apasiona y no lo que te imponen, cuando te vistes como te sientes cómodo y no como te dicta la moda, cuando expresas tu opinión sin miedo al rechazo.
- Tu valor surge cuando dejas de comparar tu vida con la de otros, pues cada uno tiene su propio camino, sus propios sueños y sus propios desafíos.
- Tu valor nace de la coherencia entre lo que piensas, dices al mundo y haces. Aprende esto desde ya y será más fácil que puedas ir diseñando la vida que quieres vivir.
Dentro de este marco, te entrego un ejercicio para que puedas reconocer tú valor, recuerda que todos nosotros estamos formados de características. Aprende que no se trata de defectos o virtudes, sino de características, porque lo que puede resultar positivo para algunos, puede ser negativo para otros. Así que es importante desprendernos de esa calificación de buenos y malos y comenzar a mirarnos con objetividad.
A continuación toma papel y lápiz y haz una lista de tus características personales. Luego, encierra en un círculo aquellas que los demás señalan que tú tienes pero no estás seguro(a) de que en verdad tú seas así. Evalúate y analiza si esos comentarios vienen de personas que realmente te conocen. Ahora, vas a escoger 5 aspectos principales que te definen según tu visión, esos que más aprecias y tú mismo valoras de ti, convirtiéndolos en afirmación. Ejemplo: Me amo, me acepto y me apruebo porque soy muy sincera. O, Me amo, me acepto y me apruebo porque soy inteligente. O, Me amo, me acepto y me apruebo porque soy amigable.

