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LOS PAÍSES Y SUS HERIDAS ANCESTRALES. VENEZUELA. PARTE 1

Todo es energía, nuestras palabras, nuestras emociones, nuestros pensamientos, hasta nuestro cuerpo es energía, densificada, pero energía.  Antoine Lavoisier dijo la materia no se destruye sino que se transforma, posteriormente Einstein, a quien admiro profundamente, adapta el concepto a la energía cuando descubrió que la materia es un tipo de energía potencial. Partiendo de este principio, del mismo modo ocurre con nuestros pensamientos, emociones y palabras, todo ocupa un espacio y estos también van a parar a algún lado.

Entonces qué ocurre con las ciudades, los países y ese cúmulo de pensamientos, palabras y emociones que una masa de personas proyecta diariamente?

Carl Jung lo llamó inconsciente colectivo, haciendo referencia a las estructuras de la mente inconsciente compartidas entre los miembros de la misma especie.

En el estudio esotérico y el manejo de la energía lo llamamos Impresiones y estas a su vez generan un Egregor. Ahora bien querido lector, se estará preguntado qué tiene esto que ver con los países, pues comenzaré por definir qué es una impresión y qué es un egregor y así haré que se vaya familiarizando con este tema.

Una impresión energética es como un sello puesto en el cuerpo mental o emocional y causado normalmente por una experiencia negativa; es como si te incrustaran un parche que te hace mantener vivo o latente la vivencia o emoción de esa experiencia, de modo que no conseguimos quitarnos cierta emoción, pensamiento o cierto miedo.

Por ejemplo, cae en cuenta de todas esas cosas que dices, sientes, piensas sobre una ciudad o país, eso genera una impresión energética, son todas esas etiquetas que le ponemos a la ciudad donde nacimos, al país de origen o hacia el país donde vives actualmente.  Ahora imagínate a varias personas pensando de una misma forma sobre su país, esto origina una masa de energía densa que denominamos egregor.

Este último es un concepto propio del ocultismo que hace referencia a una especie de entidad colectiva, que surge de los pensamientos y emociones colectivas de un grupo de personas.   Cada ciudad y cada país tiene su egregor o egregores, porque hay una energía que se va formando de la idea que la mayoría tiene sobre su país o que un grupo numeroso ha intencionado.

Entendido esto, entraré en materia para hacerles comprender un poco de dónde se originan las heridas ancestrales de los países y cómo podemos desanclar esa energía que se ha convertido en negativa o que simplemente ya no funciona, para simplemente transformarla.

Y como siempre he creído que todo empieza por casa y como es adentro es afuera, inicio haciendo referencia a mi país de origen en ésta vida, Venezuela.

En el año 2010 escribí un artículo que se llamaban las tres heridas de Venezuela, soy una apasionada del análisis social macro y colectivo, vengo haciendo investigaciones desde esos años. Lo cierto es que esas heridas las tengo muy claras y conscientes desde aquellos años y dada la situación actual retumban en nuestras narices una y otra vez, porque el venezolano prefiere el dolor lento y no de golpe, en terapia yo le llamo miedo, otros simplemente dirán “es su proceso”.

Lo cierto es que no sanamos al unísono y por eso los procesos sociales son más largos, porque llegar al punto en que una masa importante de personas piensen y sientan igual cuesta mucho trabajo individual y colectivo, lleva su tiempo.

Desde una mirada sistémica, resumo lo que yo considero son las tres heridas de Venezuela, luego hablaré de otros países en los que he tenido la dicha de vivir y eso me ha dado una perspectiva espiritual y social de cada uno, pero como lo dije al principio empiezo por casa, por mi casa de origen… Venezuela.

La primera herida, la de la mujer maltratada: esta idea surge desde la época de la colonización. Y a su vez se materializa en cuatro hechos claros, por un lado está la indígena de los pueblos originarios, triste y desolada que fue despojada de su marido y violada por los españoles; por otro lado está la mujer que fue expulsada de su tribu por enamorarse de un español; tenemos también a las llamadas negras esclavas, que muchas eran princesas en sus tierras y fueron traídas aquí solas y en total pobreza, sin derechos, sin palabra, sin voz; por último están las nobles, esas mujeres que luego mal llamadas criollas no eran aceptadas ni por las anteriores ni por España, esa mujer mezclada que guardaba esa herida de no saber a cuál lugar pertenecía.

Venezuela está hecha de estás cuatro mujeres, porque es preciso recordar que ya todo esto es pasado, que cada mujer en Venezuela está mezclada, somos venezolanas.  Como diría Rawayana «Dios estaba inspirado» y esta es una verdad, .  Pero la energía que se maneja y en la memoria colectiva estas heridas siguen allí, por eso es preciso traerlas a conciencia.

La segunda herida, el varón despojado de sus tierras: Sí, esta es una realidad vivida por toda Latinoamérica y mi intención no es culpar a los españoles, porque luego de “liberar” a Venezuela y constituirla como república se nos olvida que hasta fuimos separados de la Gran Colombia y el despojo también fue hacia los españoles nobles.  En mis cursos y conferencias sobre liderazgo complementario donde hablo del equilibrio de la energía femenina y masculina, dejo muy claro que el mayor recurso del hombre o varón, es el territorio, el lugar que ocupa en el mundo. Y en Venezuela el hombre es muy ausente incluso viviendo con los hijos por eso, guarda una herida inconsciente de despojo que lo hace sentirse insuficiente. Es el indio que no pudo defender su tierra, el negro que permitió que golpearan hasta morir a su mujer porque estaba amarrado a un árbol esclavo también, de allí la famosa canción que siempre suena en nuestros hogares y en las bodas sobre todo “No le pegue a la negra” de Joe Arroyo, que si bien es colombiano, ya les dije fuimos parte de la Gran Colombia así que como dice Andrés López somos hermanitos. Esta herida es también la del español que fue sacado y despojado cuando llegó Bolívar y su gente. 

Y esto a su vez conlleva a la tercera herida de Venezuela: la de las traiciones y el hombre no reconocido. Nuestra bandera fue hecha por Francisco de Miranda un hombre traicionado y nuestro libertador Bolívar murió en el exilio. Seguimos repitiendo las historias, ¿lo logran ver?

Venezuela tiene una herida profunda de no reconocimiento, la mayoría de los venezolanos siempre alardea si es ganador, pero si pierde inmediatamente la reacción es buscar al culpable, todo lo que ocurre negativo en el país es culpa de un externo, nunca es nuestro, no nos hacemos responsables.  Llevaba años tratando de expresar esto que hoy aquí les digo y siento que ahora tiene más sentido que nunca entender la corresponsabilidad que tenemos en los países donde vivimos y más aún con el lugar del cual venimos y de una vez por todas hacernos responsables.

La razón por la que siempre elegimos hombres autoritarios y el que más grita es el que tiene la atención, se debe a que en el inconsciente colectivo está guardada esa necesidad de ser defendidos por el hombre en sustitución a ese despojo y no reconocimiento hacia el varón.

Pero todas estas heridas también tienen resultados positivos y a esto quiero apelar. En Venezuela hay una premisa y es que “el extranjero es como un hermano más”. Pero ¿esto de dónde viene?, les hago memoria…recuerdan la historia de la india violada por el español o de la que se enamoró del español? Bueno, en nuestras tribus más de 500 consolidadas y con un sistema social y político claro y definido (esto para aclarar que no solo pescábamos y sembrábamos como se nos hizo creer) cuando llegaron los españoles; matar a un hijo era ir en contra de los principios de la naturaleza.  Cuando una mujer quedaba embarazada de un español ese hijo era acogido por esa mujer y criaba a sus hijos indios con ese niño hijo de español, por este motivo para nosotros los venezolanos las razas no existen y por eso el “extranjero es como nuestro hermano”. 

Ahora sí lo entienden, se dan cuenta cómo influyen la memoria celular y el inconsciente colectivo de generación en generación también en los países y en la forma de actuar de su gente.

Entonces entendido esto, es importante modificar el egregor de esta nación, dejar de vernos desde el victimismo, pobre Venezuela, esto y aquello. Empezar a pensar, sentir y hablar cómo quieres que Venezuela sea, el pasado ya está, aparecerá así en los libros de historia, un día un pueblo fue a elecciones y desde la rabia votó en contra de los partidos políticos de la época en 1998 y mucha gente se sintió identificada con un militar llamado Hugo Chávez Frías que cambió el destino de una nación, por allí dicen que a veces hay que perderse para encontrarse. El tiempo siguió, porque el tiempo pasa y murió y dejó en el poder a Nicolás Maduro Moros que perdió las elecciones presidenciales este 2024, pero hay que ser objetivos, tomando los números oficiales hay algunos venezolanos que se identifican con esa ideología, eso hay que mirarlo y saber que si bien no son mayoría, existen.

También debemos honrar a todos los que murieron por su causa, a todos los que han buscado generar un cambio aun cuando no lo hayan logrado anteriormente.  Dejar de juzgar al que no lo logró y aplaudir su esfuerzo, sacrificios y entrega, políticos o no políticos, todos han arriesgado algo en este proceso. Henrique, Leopoldo y tantos otros, a diputados, gobernadores, alcaldes, concejales, candidatos, expresidentes, los que se ven en las campañas y los que nadie ve en las portadas de los noticieros y hacen un inmenso trabajo, hay que incluirlos a todos, gracias gracias gracias, los honro.

Existe un principio en el que yo creo, aquello que niegas persiste, entonces debemos mirarlos, saber que existieron, que existen y que son parte de un pasado que deja mucho aprendizaje si se sabe mirar con objetividad.  Ver con ojos del presente hacia esa mejor Venezuela que queremos y debemos construir, porque no va a llegar sola, hay que construirla, con la voluntad de todos.

Dejen de pelear los que están dentro con los que se fueron, los que están afuera con los que siguen dentro del país que decidieron quedarse y los que como yo salimos pero volvemos cada tanto podamos, porque me niego a autoexiliarme, no pienso dejar este país que tanto amo y me hace sentir inmensamente libre y feliz saber que puedo regresar y tocarla, olerla, sentirla cada vez que quiero, hacer por ella cada vez que pueda. 

Y la pregunta final es, ¿cómo sanamos esas heridas ancestrales?

La respuesta es: MIRÁNDOLAS, para saltar un obstáculo debes reconocerlo, traer las heridas al consciente, ver todo como ha sido, dejar de pensar en la Venezuela del pasado o en lo que hubiera pasado si.  Anclarnos en el presente y dejar de añorar a esa Venezuela pasada para construir la nueva, la mejor versión de Venezuela. La vida es hacia adelante, los procesos colectivos no escapan del flujo natural de la vida.

Nos toca a todos hacer el trabajo desde el lugar que te encuentres, pero ya suelta el drama, no somos víctimas de nada, tomamos decisiones y han tenido sus consecuencias, somos mayoría en una ideología, pero no podemos olvidar que debemos tomar decisiones para TODOS, decisiones que beneficien a todo el país y a toda su gente.

 

*Imagen de este artículo obra del artista venezolano Oscar Olivares. 

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